“Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, cómo lo esperamos de ti.”
Salmo 32,4-5.
En el camino hacia la Cruz, el Señor nos regala un momento de luz.
En el monte, ante Pedro, Santiago y Juan, Jesús se transfigura y el Padre nos recuerda:
«Este es mi Hijo amado, escúchenlo» (cf. Evangelio según San Mateo 17,1-9).
La Cuaresma es subir al monte con Él.
Es detenernos en medio del ruido, mirar su rostro y dejarnos transformar.
Antes del sacrificio, la gloria; antes del Viernes Santo, la luz que fortalece la fe.
Como cristianos, caminamos juntos hacia la Pascua. Que este domingo renovemos nuestro compromiso de oración, conversión y fraternidad, para que la luz de Cristo también brille en nuestras obras y en nuestro testimonio.
Que nuestra fe no se quede en palabras, sino que se transfigure en vida.
Paz y Bien.
