El Poderoso ha hecho obras grandes en mí: enaltece a los humildes.
La Iglesia contempla hoy a María no solo como aquella que fue llevada al cielo, sino también como la mujer que vivió toda su existencia orientada hacia Dios y hacia los demás. La Iglesia celebra que María participa de una manera singular en la victoria de su Hijo Jesucristo sobre el pecado y la muerte. Aquello que esperamos para todos los cristianos al final de los tiempos —la resurrección del cuerpo— se ha realizado ya plenamente en María. Celebramos hoy que María ha sido glorificada y que, en cuerpo y alma, participa de la gloria de Dios.
María «se puso en camino y fue aprisa». Su fe no la encierra en sí misma: la mueve al encuentro, al servicio y a la cercanía. María es capaz de subir la montaña y ponerse al servicio de Isabel. Podría haberse quedado en su casa, tranquila y centrada en cuidar su propio embarazo; sin embargo, sale y se pone en movimiento. Lo hace porque lleva dentro a Jesús, que la mueve a la entrega y a una vida orientada al servicio de los demás. En ese camino de entrega se manifiesta la vida nueva que Dios realiza en ella. Bien lo saben aquellos cristianos que sienten dentro de sí una fuerza interior que los impulsa a entregarse a los demás. «Ponerse en camino e ir aprisa» podría ser un buen lema y un buen proyecto de vida para quienes creemos en Dios y sentimos que habita dentro de nosotros.
La Asunción nos recuerda que la meta del camino de la vida es la comunión plena con Dios. María participa ya de la victoria de Cristo sobre la muerte, como signo y esperanza de lo que Dios quiere realizar también en nosotros.
Por eso, María puede cantar: «Proclama mi alma la grandeza del Señor». El Magníficat no es el canto de una mujer que se gloría a sí misma, sino el de alguien que reconoce que todo es gracia. Es también un canto profundamente comprometido con los más pequeños: Dios derriba del trono a los poderosos, enaltece a los humildes y colma de bienes a los hambrientos.
En el día de hoy, arrancan las Fiestas Patronales en honor a Nuestra Señora de Guaditoca, Patrona de la villa de Guadalcanal. De igual modo, con el inicio de dichas fiestas comenzará oficialmente la apertura del Año de la Coronación, un tiempo de gracia y de preparación de cara a próxima coronación canónica de Santa María de Guaditoca.
Paz y Bien.
