viernes, 10 de abril de 2026

VIERNES DE LA OCTAVA DE PASCUA




Esta tarde, cuarto día de los cultos al Señor Resucitado, en el que se aplicará la Santa Misa por el eterno descanso de nuestros hermanos difuntos, en especial, por el sufragio de las almas de nuestras hermanas Eulalia del Castillo Domínguez y María Dolores Rivero Ruiz.  

19:30 horas.  Santo Rosario y posterior Ejercicio de la Octava.

20:00 horas. Santa Misa. Predica Rvdo. Sr. D. Aniceto Vadillo Aguilera Pbro. 

Lectura del santo evangelio según san Juan  (21, 1-14)

En aquel tiempo, Jesús se les apareció otra vez a los discípulos junto al lago de Tiberíades. Se les apareció de esta manera: Estaban juntos Simón Pedro, Tomás (llamado el Gemelo), Natanael (el de Caná de Galilea), los hijos de Zebedeo y otros dos discípulos. Simón Pedro les dijo: “Voy a pescar”. Ellos le respondieron: “También nosotros vamos contigo”. Salieron y se embarcaron, pero aquella noche no pescaron nada.

Estaba amaneciendo, cuando Jesús se apareció en la orilla, pero los discípulos no lo reconocieron. Jesús les dijo: “Muchachos, ¿han pescado algo?” Ellos contestaron: “No”. Entonces él les dijo: “Echen la red a la derecha de la barca y encontrarán peces”. Así lo hicieron, y luego ya no podían jalar la red por tantos pescados.

Entonces el discípulo a quien amaba Jesús le dijo a Pedro: “Es el Señor”. Tan pronto como Simón Pedro oyó decir que era el Señor, se anudó a la cintura la túnica, pues se la había quitado, y se tiró al agua. Los otros discípulos llegaron en la barca, arrastrando la red con los pescados, pues no distaban de tierra más de cien metros.

Tan pronto como saltaron a tierra, vieron unas brasas y sobre ellas un pescado y pan. Jesús les dijo: “Traigan algunos pescados de los que acaban de pescar”. Entonces Simón Pedro subió a la barca y arrastró hasta la orilla la red, repleta de pescados grandes. Eran ciento cincuenta y tres, y a pesar de que eran tantos, no se rompió la red. Luego les dijo Jesús: “Vengan a almorzar”. Y ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle: ‘¿Quién eres?’, porque ya sabían que era el Señor. Jesús se acercó, tomó el pan y se lo dio y también el pescado.

Ésta fue la tercera vez que Jesús se apareció a sus discípulos después de resucitar de entre los muertos.

Cristo vive, aleluya, aleluya.

Paz y Bien.

Fotografía: Aniceto Vadillo.

jueves, 9 de abril de 2026

JUEVES DE LA OCTAVA DE PASCUA



Esta tarde, tercer día de los cultos al Señor Resucitado. 

19:30 horas.  Santo Rosario y posterior Ejercicio de la Octava.

20:00 horas. Santa Misa. Predica Rvdo. Sr. D. Aniceto Vadillo Aguilera Pbro. 

Lectura del santo Evangelio según  San Lucas (24, 35-48).

La escena de Emaús se completa con esta primera aparición de Jesús a los apóstoles. Se nos refiere que sucede mientras los dos discípulos que han compartido la Palabra y el Pan de Vida están dando cuenta de lo sucedido. Es imaginable que sería un relato humano como los que solemos hacer: lleno de atropellos, de palabras inconexas e ideas que se quedan suspendidas cuando hay algo real que supera la capacidad para articular un discurso coherente. Cabe imaginar que los apóstoles preguntarían, interrogación, dudarían, se escamarían, objetarían… nada que no haríamos nosotros ante un relato semejante.

 La irrupción del Resucitado glorioso cambia el discurso. Entonces sobran las palabras y dice el evangelista que les abrió el entendimiento sobre la Escritura para que lograran penetrar el misterio insondable de su sacrificio redentor, de su pasión y su muerte contempladas ahora a la luz inigualable de la Resurrección. 

En las llagas de Cristo y en su hambre descubrimos los signos de la corporeidad que tanto extrañaba a los discípulos. No es un ente sin cuerpo el que se les aparece sino alguien que lleva consigo las cicatrices de la crucifixión y la necesidad de alimentarse. La reacción de los apóstoles los lleva de la primera incredulidad al asombro y a la posterior aceptación del plan de Dios prefigurado en el Antiguo Testamento y reanudado con la Nueva Alianza que vino a traer el Verbo encarnado. 

Cristo vive, aleluya, aleluya.

Paz y Bien.

miércoles, 8 de abril de 2026

MIÉRCOLES DE LA OCTAVA DE PASCUA



Esta tarde, segundo día de los cultos al Señor Resucitado. 

19:30 horas.  Santo Rosario y posterior Ejercicio de la Octava.

20:00 horas. Santa Misa. Predica Rvdo. Sr. D. Aniceto Vadillo Aguilera Pbro. 

Lectura del santo Evangelio según  San Lucas (Lc 24, 13-35)

Dos de los discípulos de Cristo van de camino a un pueblo llamado Emaús, no muy lejos de Jerusalén. Mientras se dirigen a su destino van conversando sobre los recientes acontecimientos. En medio de la discusión se les acercó Jesús y les preguntó: “¿De qué cosas vienen hablando, tan llenos de tristeza?”. Ellos no lo reconocieron y, sorprendidos por la pregunta (toda Jerusalén estaba conmocionada), le increparon no estar al tanto de lo sucedido. El Señor insistió entonces en que le cuenten qué pasó. Ellos entonces le relataron cómo los sumos sacerdotes y las autoridades del pueblo entregaron a Jesús el Nazareno para ser crucificado. Su desilusión había sido muy grande porque esperaban que ese Jesús, en quien reconocían a “un profeta poderoso en obras y palabras”, fuese el libertador de Israel. Eran ya tres días desde la muerte del Maestro, y como no hubo revueltas posteriores, todo se veía gris, desolado; nada había sucedido finalmente; todo les sabía a fracaso. Ni siquiera el testimonio de las mujeres que afirmaban que Jesús había resucitado les habían parecido creíbles.

Entonces la llamada de atención del Señor no se haría esperar: “¡Qué insensatos son ustedes y qué duros de corazón!”. Y empezó a explicarles las Escrituras que se referían a él, de cómo el Mesías debía padecer y morir, pero que al final habría de resucitar. Tras eso, algo tuvo que suceder en el corazón de esos discípulos para que le pidieran a su ocasional compañía que se quedara con ellos “porque la tarde está cayendo”. Al llegar la hora se sentaron a la mesa, Él partió el pan, lo bendijo y se los dio. En ese momento recién los discípulos pudieron reconocerlo, pero Él desapareció. Tarde se les abrieron los ojos: “¡Con razón nuestro corazón ardía, mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras!”.

En este cuarto día de la Octava hagámonos eco -con nuestras palabras y acciones- del llamado del Papa San Juan Pablo II hecho ya hace poco más de cuarenta años: «Cada uno invite a Cristo como aquellos discípulos que caminaban con Él por ese camino, sin saber con quién caminaban: "Quédate con nosotros, pues el día ya declina" (Lc, 24, 29). Que se quede Jesús, tome el pan, pronuncie las palabras de la bendición, lo parta y lo distribuya. Y que entonces se abran los ojos de cada uno, cuando lo reconozca "en la fracción del pan" (Lc 24, 35)».

Cristo vive, aleluya, aleluya.

Paz y Bien. 

martes, 7 de abril de 2026

MARTES DE LA OCTAVA DE PASCUA




Esta tarde, primer día de los cultos al Señor Resucitado. 

19:30 horas.  Santo Rosario y posterior Ejercicio de la Octava.

20:00 horas. Santa Misa. Predica Rvdo. Sr. D. Aniceto Vadillo Aguilera Pbro. 

He visto al Señor y ha dicho esto

Lectura del santo Evangelio según san Juan (20, 11-18)

Estaba María fuera, junto al sepulcro, llorando. Mientras lloraba, se asomó al sepulcro y vio dos ángeles vestidos de blanco, sentados, uno a la cabecera y otro a los pies, donde había estado el cuerpo de Jesús. Ellos le preguntan: «Mujer, ¿por qué lloras?». Ella les contesta: «Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto». Dicho esto, se vuelve y ve a Jesús, de pie, pero no sabía que era Jesús. Jesús le dice: «Mujer, ¿por qué lloras?, ¿a quién buscas?». Ella, tomándolo por el hortelano, le contesta: «Señor, si tú te lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo lo recogeré». Jesús le dice: «¡María!». Ella se vuelve y le dice: «¡Rabboni!», que significa: «¡Maestro!». Jesús le dice: «No me retengas, que todavía no he subido al Padre. Pero, anda, ve a mis hermanos y diles: “Subo al Padre mío y Padre vuestro, al Dios mío y Dios vuestro”». María la Magdalena fue y anunció a los discípulos: «He visto al Señor y ha dicho esto».

Paz y Bien.

¡Cristo Vive, Aleluya, Aleluya!