En este IV Domingo de Cuaresma, también denominado con “LAETARE”, la Iglesia nos invita a hacer una pausa en el camino de la Cuaresma para recordar que nuestra fe está llena de esperanza. La palabra Laetare significa “alégrate”, porque incluso en medio del sacrificio y la penitencia ya se anuncia la alegría de la Pascua.
La luz de la Resurrección comienza a asomarse en nuestro corazón. Sabemos que el sufrimiento, la cruz y la oscuridad no tienen la última palabra, porque Cristo ha vencido a la muerte.
En esta esperanza aparece la figura de María la Magdalena, mujer fiel que buscó al Señor incluso en el silencio del sepulcro. Su amor la llevó a permanecer, a esperar, a no abandonar. Y fue precisamente ella quien recibió la gracia de encontrar primero a Cristo resucitado.
Cuando Jesús la llama por su nombre, su tristeza se transforma en alegría. Así también sucede con nosotros: cuando Cristo entra en nuestra vida, la tristeza se convierte en esperanza y la oscuridad en luz.
Como María Magdalena, también nosotros somos enviados a anunciar con nuestra vida que Cristo vive. El Domingo de Laetare nos recuerda que el camino hacia la Pascua ya está iluminado por la alegría del Resucitado.
Que en nuestro corazón resuene hoy esta invitación: alégrate, porque el Señor está vivo y camina contigo.
#CristoVive
Paz y Bien.
📷 Cándido Trancoso Parrón
