lunes, 27 de noviembre de 2017

Comienza el año litúrgico

Con la celebración de la Solemnidad de Cristo Rey, que tuvo lugar ayer domingo 26 de noviembre, se pone fin el año litúrgico. El próximo domingo dará comienzo el nuevo año litúrgico con el tiempo de Adviento, que nos prepara para el nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo. 

En el esquema que, a continuación se adjunta, podemos ver de forma gráfica los diferentes tiempos del año litúrgico de la Iglesia.






Estas son las fechas más relevantes: 


ADVIENTO: Se inicia el próximo domingo 3 de diciembre de 2017.
NAVIDAD: 25 de diciembre de 2017.
EPIFANÍA: 6 de enero de 2018.
BAUTISMO DEL SEÑOR: 7 de enero de 2018.
MIÉRCOLES DE CENIZA: 14 de febrero de 2018.
DOMINGO DE RAMOS: 25 de marzo de 2018.
TRIDUO PASCUAL: 29,30 y 31 de marzo de 2018.
DOMINGO DE RESURRECCIÓN: 1 de abril de 2018.
ASCENSIÓN DEL SEÑOR: 10 de mayo de 2018.
PENTECOSTÉS: 20 de mayo de 2018.
DOMINGO DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD: 27 de mayo de 2018
CORPUS CHRISTI: 31 de mayo 2018 
DOMINGO DE CORPUS: 3 de junio 2018
CRISTO REY: 25 de noviembre de 2018.

Paz y Bien. 

domingo, 26 de noviembre de 2017

Solemnidad de Cristo Rey

Con la fiesta de Cristo Rey se concluye el año litúrgico. Esta fiesta tiene un sentido escatólogico pues celebramos a Cristo como Rey de todo el universo. Sabemos que el Reino de Cristo ya ha comenzado, pues se hizo presente en la tierra a partir de su venida al mundo hace casi dos mil años, pero Cristo no reinará definitivamente sobre todos los hombres hasta que vuelva al mundo con toda su gloria al final de los tiempos, en la Parusía.
En la fiesta de Cristo Rey celebramos que Cristo puede empezar a reinar en nuestros corazones en el momento en que nosotros se lo permitamos, y así el Reino de Dios puede hacerse presente en nuestra vida. De esta forma vamos instaurando desde ahora el Reino de Cristo en nosotros mismos y en nuestros hogares, empresas y ambiente.Jesús nos habla de las características de su Reino a través de varias parábolas en el capítulo 13 de Mateo:
“es semejante a un grano de mostaza que uno toma y arroja en su huerto y crece y se convierte en un árbol, y las aves del cielo anidan en sus ramas”;
“es semejante al fermento que una mujer toma y echa en tres medidas de harina hasta que fermenta toda”;
“es semejante a un tesoro escondido en un campo, que quien lo encuentra lo oculta, y lleno de alegría, va, vende cuanto tiene y compra aquel campo”;
“es semejante a un mercader que busca perlas preciosas, y hallando una de gran precio, va, vende todo cuanto tiene y la compra”.

En ellas, Jesús nos hace ver claramente que vale la pena buscarlo y encontrarlo, que vivir el Reino de Dios vale más que todos los tesoros de la tierra y que su crecimiento será discreto, sin que nadie sepa cómo ni cuándo, pero eficaz.

La Iglesia tiene el encargo de predicar y extender el reinado de Jesucristo entre los hombres. Su predicación y extensión debe ser el centro de nuestro afán vida como miembros de la Iglesia. Se trata de lograr que Jesucristo reine en el corazón de los hombres, en el seno de los hogares, en las sociedades y en los pueblos. Con esto conseguiremos alcanzar un mundo nuevo en el que reine el amor, la paz y la justicia y la salvación eterna de todos los hombres.

Para lograr que Jesús reine en nuestra vida, en primer lugar debemos conocer a Cristo. La lectura y reflexión del Evangelio, la oración personal y los sacramentos son medios para conocerlo y de los que se reciben gracias que van abriendo nuestros corazones a su amor. Se trata de conocer a Cristo de una manera experiencial y no sólo teológica.

Acerquémonos a la Eucaristía, Dios mismo, para recibir de su abundancia. Oremos con profundidad escuchando a Cristo que nos habla.

Al conocer a Cristo empezaremos a amarlo de manera espontánea, por que Él es toda bondad. Y cuando uno está enamorado se le nota.

El tercer paso es imitar a Jesucristo. El amor nos llevará casi sin darnos cuenta a pensar como Cristo, querer como Cristo y a sentir como Cristo, viviendo una vida de verdadera caridad y autenticidad cristiana. Cuando imitamos a Cristo conociéndolo y amándolo, entonces podemos experimentar que el Reino de Cristo ha comenzado para nosotros.

Por último, vendrá el compromiso apostólico que consiste en llevar nuestro amor a la acción de extender el Reino de Cristo a todas las almas mediante obras concretas de apostolado. No nos podremos detener. Nuestro amor comenzará a desbordarse.

Dedicar nuestra vida a la extensión del Reino de Cristo en la tierra es lo mejor que podemos hacer, pues Cristo nos premiará con una alegría y una paz profundas e imperturbables en todas las circunstancias de la vida.

martes, 21 de noviembre de 2017

Musicales. Concierto de la B.M. de Ntra.Sra.de Guaditoca (Guadalcanal)



Un año más, la Banda de Música de Nuestra Señora de Guaditoca ofrecerá su tradicional concierto en honor a la patrona de la música, Santa Cecilia, cuya festividad litúrgica se celebra mañana 22 de noviembre. 

En esta edición la temática central del concierto serán "los musicales". Por citar algunos ejemplos podremos escuchar desde El Fantasma de la Ópera, pasando por El Rey León o Los Miserables. 

La cita será el próximo sábado 25 de noviembre en el Cine Teatro Municipal de Guadalcanal dando comienzo a las 21:00 horas.

Amplia la información pinchando en el siguiente enlace: 

martes, 14 de noviembre de 2017

Oración por nuestros hermanos difuntos



No está aquí; ¡ha resucitado! Recuerden lo que les dijo cuando todavía estaba con ustedes en Galilea: “El Hijo del hombre tiene que ser entregado en manos de hombres pecadores, y ser crucificado, pero al tercer día resucitará.” 

Lucas 24:6-7

ORACIÓN:

Dios todopoderoso y eterno que por la muerte de Jesucristo, tu Hijo, destruiste nuestra muerte; por su reposo en el sepulcro santificaste las sepulturas y por su gloriosa resurrección nos restituiste la vida a la inmortalidad. Escucha nuestra oración por aquellos que muertos en Cristo y sepultados en él, anhelan la feliz esperanza de la resurrección.
Dios nuestro, fuente de perdón y de salvación, por medio de tu hijo Jesucristo, concede a nuestros hermanos, que han salido ya de este mundo, alcanzar la vida eterna.
Dales, Señor, el descanso eterno.

Brille para ellos la luz perpetua.
Descansen en paz.

Amén.