domingo, 22 de marzo de 2020

IV DOMINGO DE CUARESMA; DOMINGO DE LAETARE



El cuarto domingo, o de mediados, de Cuaresma, llamado así por las primeras palabras del introito de la Misa, “Laetare Jerusalem”---“Alégrate, oh, Jerusalén”. Durante los primeros seis o siete siglos el tiempo de Cuaresma comenzaba el domingo siguiente a la quincuagésima, y constaba sólo de treinta y seis días de ayuno. Luego se añadió a éstos los cuatro días precedentes al primer domingo, para hacer un ayuno de cuarenta días; y una de las más antiguas menciones litúrgicas de estos días adicionales ocurre en el Evangelio especial asignado a ellos en un manuscrito de Toulon de 714.

De este modo se enfatiza el contraste entre los demás domingos y el domingo de laetare, el cual es emblemático de las alegrías de esta vida, alegría comedida mezclada con un cierto rezago de tristeza.

Y esa alegría es porque, en medio de la espera ya sea de la Navidad en Adviento, ya sea de la Pascua en Cuaresma, y llegando ya a su final, se avizora la Venida del Mesías en Belén o la Resurrección en el Triduo Pascual.

Por ello el cuarto domingo es celebrado con gozo, con alegría, como una pausa dentro de la espera ante el Acontecimiento que se avecina, y por ello utilizamos ornamentos rosados en la celebración eucarística.

Por último comentar que este domingo se barajó, junto con el pasado día 15, como posible fecha de celebrar la bendición de la imagen del Señor Resucitado.

Lectura del santo evangelio según San Juan (9, 1-41)

Y al pasar, vio Jesús a un hombre ciego de nacimiento. Y sus discípulos le preguntaron: «Maestro, ¿quién pecó: este o sus padres, para que naciera ciego?». Jesús contestó: «Ni este pecó ni sus padres, sino para que se manifiesten en él las obras de Dios. Mientras es de día tengo que hacer las obras del que me ha enviado: viene la noche y nadie podrá hacerlas. Mientras estoy en el mundo, soy la luz del mundo».

Dicho esto, escupió en la tierra, hizo barro con la saliva, se lo untó en los ojos al ciego, y le dijo: «Ve a lavarte a la piscina de Siloé (que significa Enviado)». Él fue, se lavó, y volvió con vista. Y los vecinos y los que antes solían verlo pedir limosna preguntaban: «¿No es ese el que se sentaba a pedir?». Unos decían: «El mismo». Otros decían: «No es él, pero se le parece». El respondía: «Soy yo». Y le preguntaban: «¿Y cómo se te han abierto los ojos?». Él contestó: «Ese hombre que se llama Jesús hizo barro, me lo untó en los ojos y me dijo que fuese a Siloé y que me lavase. Entonces fui, me lavé, y empecé a ver». Le preguntaron: «¿Dónde está él?». Contestó: «No lo sé».

Llevaron ante los fariseos al que había sido ciego. Era sábado el día que Jesús hizo barro y le abrió los ojos. También los fariseos le preguntaban cómo había adquirido la vista. Él les contestó: «Me puso barro en los ojos, me lavé y veo». Algunos de los fariseos comentaban: «Este hombre no viene de Dios, porque no guarda el sábado». Otros replicaban: «¿Cómo puede un pecador hacer semejantes signos?». Y estaban divididos. Y volvieron a preguntarle al ciego: «Y tú, ¿qué dices del que te ha abierto los ojos?». Él contestó: «Que es un profeta».

Pero los judíos no se creyeron que aquel había sido ciego y que había comenzado a ver, hasta que llamaron a sus padres y les preguntaron: «¿Es este vuestro hijo, de quien decís vosotros que nació ciego? ¿Cómo es que ahora ve?». Sus padres contestaron: «Sabemos que este es nuestro hijo y que nació ciego; pero cómo ve ahora, no lo sabemos; y quién le ha abierto los ojos, nosotros tampoco lo sabemos. Preguntádselo a él, que es mayor y puede explicarse». Sus padres respondieron así porque tenían miedo a los judíos: porque los judíos ya habían acordado excluir de la sinagoga a quien reconociera a Jesús por Mesías. Por eso sus padres dijeron: «Ya es mayor, preguntádselo a él».

Llamaron por segunda vez al hombre que había sido ciego y le dijeron: «Da gloria a Dios: nosotros sabemos que ese hombre es un pecador». Contestó él: «Si es un pecador, no lo sé; solo sé que yo era ciego y ahora veo». Le preguntan de nuevo: «¿Qué te hizo, cómo te abrió los ojos?». Les contestó: «Os lo he dicho ya, y no me habéis hecho caso: ¿para qué queréis oírlo otra vez?, ¿también vosotros queréis haceros discípulos suyos?». Ellos lo llenaron de improperios y le dijeron: «Discípulo de ese lo serás tú; nosotros somos discípulos de Moisés. Nosotros sabemos que a Moisés le habló Dios, pero ese no sabemos de dónde viene». Replicó él: «Pues eso es lo raro: que vosotros no sabéis de dónde viene, y, sin embargo, me ha abierto los ojos. Sabemos que Dios no escucha a los pecadores, sino al que es piadoso y hace su voluntad. Jamás se oyó decir que nadie le abriera los ojos a un ciego de nacimiento; si este no viniera de Dios, no tendría ningún poder». Le replicaron: «Has nacido completamente empecatado, ¿y nos vas a dar lecciones a nosotros?». Y lo expulsaron.

Oyó Jesús que lo habían expulsado, lo encontró y le dijo: «¿Crees tú en el Hijo del hombre?». Él contestó: «¿Y quién es, Señor, para que crea en él?». Jesús le dijo: «Lo estás viendo: el que te está hablando, ese es». Él dijo: «Creo, Señor». Y se postró ante él. Dijo Jesús: «Para un juicio he venido yo a este mundo: para que los que no ven, vean, y los que ven, se queden ciegos».

Los fariseos que estaban con él oyeron esto y le preguntaron: «¿También nosotros estamos ciegos?». Jesús les contestó: «Si estuvierais ciegos, no tendríais pecado; pero como decís “vemos”, vuestro pecado permanece.

Paz y Bien.

#Quedateencasa

jueves, 19 de marzo de 2020

Carta abierta a los hermanos, fieles y devotos

En Guadalcanal, a 19 de marzo, Solemnidad del San José del año del Señor de 2020.

Apreciados hermanos/as en Xto. 

Sirvan estas líneas para, en primer lugar, mandaros ánimo ante la situación por la que estamos atravesando en estos días de incertidumbre y confinamiento. Como bien sabréis, hasta hace justo una semana, la cuenta atrás para celebrar la Solemne Misa de Bendición  de la imagen del Señor Resucitado era un hecho. La comisión para preparar todo lo relativo a la bendición estaba a pleno rendimiento con cada una de las tareas encomendadas; la plata estaba dispuesta, la liturgia, el protocolo y un largo etcétera.

Sin embargo, ese mismo jueves tras celebrar una reunión de urgencia, acordamos de forma unánime, aplazar, sine die, la celebración de la eucaristía de bendición del Señor Resucitado, por razones de sentido común, responsabilidad y prevención en buena medida por la sucesión de acontecimientos derivados de la pandemia COVID-19 (coronavirus)

Todos y cada uno de nosotros imaginábamos como sería esta jornada histórica para nuestra A.Parroquial en particular, para la Parroquia y para el pueblo. Imaginábamos como sería la imagen del Señor Resucitado cuando llegará al pueblo cargado de mansedumbre en su mirada; transmitiendo ,al contemplarlo, esa paz tan necesaria en estos momentos; evocando, su semblante, el transito de la muerte a una vida cargada de luz para mayor gloria de Dios. Imaginábamos el recibimiento de las decenas de hermandades y asociaciones que nos iban a acompañar en este día. Imaginábamos una parroquia llena de fieles. Imaginábamos los cantos polifónicos  del coro y el quinteto para revestir, aún más si cabe, de solemnidad a la misa. Sigue en nuestras mentes esas escenas que más pronto que tarde serán realidad, si Dios quiere.

Queridos hermanos, nada de lo expuesto ha caído en saco roto. Todos los esfuerzos están en estado de espera, hasta que esta situación de excepcionalidad finalice y se den las garantías para celebrar la solemne bendición del Señor Resucitado. 

El Señor Resucitado ya aguarda la oraciones de los fieles.

Por último, queremos agradecer, en primer lugar la disponibilidad de nuestro párroco Don Gonzalo para todo; a los miembros de la comisión organizadora por su implicación y su buen hacer en las tareas encomendadas. A los hermanos benefactores. A las hermandades que nos han cedido su enseres para el montaje del altar, al Coro Polifónico  Orippo de Dos Hermanas y al Quinteto Clarandalus por su disponibilidad e implicación.Al Excmo. Ayuntamiento de Guadalcanal por su colaboración;  a todos los colaboradores que en la sombra ha contribuido,de una forma u otra, para que todo estuviera dispuesto para el anhelado día 15 de marzo. 

En este día de precepto, recemos una oración a San José para que nos auxilie a toda nuestra comunidad y vele por los sanitarios que se están dejando el alma en esta crisis sin precedentes. 

Paz y Bien.

San José, casto esposo de la Virgen María intercede para obtenerme el don de la pureza.

Tú que, a pesar de tus inseguridades personales supiste aceptar dócilmente el Plan de Dios tan pronto supiste de él, ayúdame a tener esa misma actitud para responder siempre y en todo lugar, a lo que el Señor me pida.

Varón prudente que no te apegas a las seguridades humanas sino que siempre estuviste abierto a responder a lo inesperado obténme el auxilio del Divino Espíritu para que viva yo también en prudente desasimiento de las seguridades terrenales.

Modelo de celo, de trabajo constante, de fidelidad silenciosa, de paternal solicitud, obténme esas bendiciones, para que pueda crecer cada día más en ellas y así asemejarme día a día al modelo de la plena humanidad: EL SEÑOR JESÚS.